Es una persona que guía, es decir, señala el camino. Para ello requiere una gran habilidad para observar a los niños.
Prepara un ambiente que responda a las necesidades de desarrollo de los niños. Este debe ser atractivo, limpio, completo, impecable. La función de la guía es la de relacionar al niño con ese medio ambiente preparado para él. La guía debe mostrar a los niños el correcto uso de los materiales para lo cual les proporciona lecciones precisas y exactas. No corrige a los niños sino que si un niño comete un error, el mismo material será el encargado de mostrar al niño que hay un error y es necesario revirar.
Es capaz de despertar el interés de cada niño, con sus movimientos armoniosos. De esa manera orienta a los niños a construirse y perfeccionarse por sí mismos. En palabras de María Montessori: “Se concentra en el ambiente porque de allí saldrá la curación y la atracción que polarizará la voluntad de los niños, todo en sus sitio, limpio, brillante, alegre”
Su movimiento es siempre silencioso y su modo de estar es en alerta para responder a las necesidades de todos los niños.
Debe conocer perfectamente las etapas de desarrollo y mantenerse en continuo aprendizaje, ya que debe ser una persona en crecimiento y en mejora continua, especialmente en el área espiritual como la entendía María Montessori: con un interés profundo por cada ser humano y la humanidad en su totalidad, con fe en el niño, sabiendo que cada niño es un individuo único, diferente del resto y al mismo tiempo un ser humano con una plena potencialidad que se revelará en ese ambiente preparado para él.
Es una persona coherente: vive él mismo el comportamiento que desea. Es capaz de contenerse a sí mismo y permanecer en un estado pasivo, aún a costa de anular su personalidad para que de esa manera el niño pueda desarrollarse activamente. No usa premios ni castigos para manipular a los niños, sino que los guía con verdadera autoridad que los niños reconocen y siguen porque es una fuente de seguridad. El guía para ello se basa en un profundo sentido de humildad y un gran respeto hacia el niño. Montessori hizo hincapié en que los enemigos a vencer están dentro del corazón del propio guía: la ira y el orgullo.
Debe fascinar a los niños, en palabras de María Montessori: “Debe servir bien al espíritu, ayudar al niño a actuar, querer y pensar por sí mismo” |